Escrito por Josh Weiner en Ingles y traducido por Daniel Aldea Rossell  – La segunda parte de esta serie se puede leer aqui.

 

 

El que está solo debe preguntarse: «¿por qué es esta noche distinta a las demás?»

(Maimónides, Leyes del pan ázimo 7:3)

הָיָה לְבַדּוֹ שׁוֹאֵל לְעַצְמוֹ מַה נִּשְׁתַּנָּה הַלַּיְלָה הַזֶּה:

(משנה תורה, הלכות חמץ ומצה ז׳:ג׳)

Esta frase lleva unos mil años formando parte de los tratados legales judíos. No obstante, mientras que casi todo lo que se ha escrito sobre Pésaj ha sido analizado y comentado desde cientos de perspectivas distintas, esta frase ha sido completamente ignorada. Hasta el día de hoy, nadie había podido llegar a imaginar unas circunstancias en las que sería necesario pasar la noche de Pésaj en soledad. 

 

Pero este año vemos las cosas de una forma muy distinta. Probablemente por vez primera en la historia judía, miles de personas celebrarán el séder de Pésaj en soledad. No disponemos de ningún precedente que nos ayude en esta situación, no podemos recurrir a la memoria colectiva, no hay ningún comentario sobre una hipotética ley que rija las actuales circunstancias de aislamiento, ninguna certidumbre sobre el mejor modo de proceder, además de carecer de un liderazgo unificado. Sin embargo, aún nos quedan varios ases en la manga: la jutzpá, la creatividad y la esperanza. Con la ayuda de Dios, podremos explicarles a las futuras generaciones la historia del Pésaj de este año.

 

Volvamos a la frase del código legal de Maimónides y escribamos ahora mismo nuestro propio comentario. “El que está solo debe preguntarse: ¿por qué es esta noche distinta a las demás?»

Si estás solo, se trata de una pregunta un poco rara, ¿no? Este año prácticamente todo es distinto, ¡incluido el hecho de estar solo! Aunque la frase hace referencia al Ma Nishtana, es decir, las preguntas fijadas que forman parte del ritual del séder, sería mejor traducirla no como una pregunta sino como una declaración de asombro: “¡Qué distinta es esta noche de las demás!”

 

No obstante, si lo deseamos, también podemos verlo desde otra perspectiva. Pésaj es el festival de la libertad, de la vitalidad de la primavera, del “dejar atrás”, de la ligereza. El séder de Pésaj era un ritual doméstico con muy pocas reglas o textos fijos: el énfasis se ponía en la capacidad de incentivar a los niños a mostrarse curiosos y en fomentar la creatividad de los adultos. Había una historia antigua y poderosa que debía transmitirse (“Éramos esclavos del faraón en Egipto y ahora somos libres”), y esa historia debía recitarse de un modo tal que todas las personas congregadas alrededor de la mesa se convirtieran en protagonistas de la narrativa. Éramos esclavos y ahora somos libres. Y no solo libres de sino libres para: los símbolos de la historia y de la comida debían promover la discusión de todo un conjunto de valores, y a los niños se les enseñaban las responsabilidades que los judíos libres habían asumido. Y si a lo largo de los años, los textos y rituales se han vuelto pesados, fijos e incomprensibles, tal vez la locura de este año nos permita reclamar parte de la ligereza de Pésaj.

 

Aunque las dificultades de celebrar el séder en soledad son muchas y obvias, también hay algunas sorprendentes ventajas que no debemos desdeñar. Por ejemplo, somos realmente libres. Estamos atrapados en casa, atrapados en nosotros mismos, atrapados en nuestra libertad; tenemos ante nosotros una oportunidad única de deconstruir los rituales del séder y hacerlos realmente nuestros. Convertir la historia en algo que nos resulte más auténtico, darnos cuenta de la fuerza que emana de los rituales y disfrutar solos de una deliciosa cena, todo ello a nuestro propio ritmo. 

 

La Torá menciona en cuatro ocasiones, de forma ligeramente distinta, la necesidad de contar la historia de Pésaj a los niños. (El significado de la palabra Hagadá es precisamente eso, relato.) Los rabinos fueron conscientes de las sutiles diferencias existentes entre estos cuatro textos y crearon un modelo de cuatro tipos de niños que hacían cuatro tipos de preguntas distintas: el niño inteligente, el niño rebelde, el niño simple y el niño que no sabe cómo preguntar. Se consideró que el modelo pregunta-respuesta para contar la historia de Pésaj era el más adecuado y flexible, pues permitía adaptar el relato de la historia al niño al que iba dirigido. Y como muchos han señalado a lo largo de los años, los cuatro niños no son necesariamente personajes arquetípicos, sino cuatro aspectos distintos que toda alma que se hace preguntas posee. Todos tenemos una dimensión inteligente, rebelde, simple y silenciosa dentro de nosotros mismos. Y, a pesar de eso, “El que está solo debe preguntarse…” Lo insólito y maravilloso del séder de este año es que estas cuatro dimensiones tendrán la oportunidad de entablar un diálogo entre ellas. 

  • Nuestra dimensión inteligente puede que pregunte: ¿cuáles son las instrucciones para hacer el séder correctamente?
  • Nuestra dimensión rebelde puede que demande: ¿por qué narices tengo que hacer esto mientras el mundo se va al garete?
  • Nuestra dimensión simple puede que exclame: ¿de qué va todo esto?
  • Nuestra dimensión silenciosa puede que no sepa cómo expresar con palabras ni la enormidad de la situación ni nuestra impotencia. 

 

Esta guía ofrece una serie de recursos para aquellos que este año tengan que hacer el séder solos. Te invitamos a utilizarlos, adaptarlos o ignorarlos. Se trata sobre todo de una llamada a la creatividad, a aprovechar lo extraño de la situación en la que nos hemos visto abocados y verla como una oportunidad para hacer nuestro el antiguo séder de Pésaj. 

 

Traduzcamos la frase de Maimónides del siguiente modo: “El que está solo debe exclamar: ¡qué distinta puede ser esta noche!”