por Vale Levin

    La memoria es selectiva pero también es práctica. Probablemente nuestro recuerdo más común de las clases de Ciencias Naturales sea haber puesto las semillitas a germinar y ver cómo podíamos crear naturaleza en apenas un vaso. También de seguro tenemos presente algún cuadro de impacto ambiental, efecto invernadero, estadísticas drásticas que nos demuestran que estamos destruyendo el mundo. O el mismo planeta diciéndonos que lo estamos arruinando. Pero es llamativo el número de estudiantes que colocan el Medio Ambiente como uno de los principales temas que los sensibilizan, aquejan y por los cuales se quieren interiorizar y comprometer más fuertemente. Muchos estudiantes no creen en la política a modo de disputa de poder sino en las medidas que se deben tomar para cuidar el espacio que nos rodea. Existen diversos foros, incluso inter-religiosos, inter-comunidades, para conversar sobre el medio ambiente, decretar compromisos y presionar fuertemente a los gobiernos para cumplir con sus responsabilidades.  La Torá contiene mandamientos específicos, en particular, que podríamos llamar “ecológicos”. Dicho de otra manera, ponen de manifiesto una preocupación para el mundo que D’s creó. Si bien la Torá no nos convoca puntualmente a ser activistas ambientales, lo cierto es que en las escrituras, la naturaleza juega un rol importantísimo, ya sea de forma descriptiva para situarnos en tiempo y espacio o, por momentos, generando escenarios propicios para diversas acciones, ayudando al curso de la historia de nuestro pueblo. También debemos tener presente que muchas de las festividades que conmemoramos hoy en día, eran celebraciones agrícolas. Podríamos hacer muchos chistes respecto a que lo que nos une en las fiestas es a veces la comida, pero lo cierto es que también esa comida llega y llegó durante generaciones a nuestras mesas, gracias a lo que la naturaleza nos ha brindado.

   Lo cierto es que hay enseñanzas judías que nos llaman a generar conciencia sobre el impacto en el ecosistema o el poder de la sabiduría de la naturaleza. La Torá indica que D’s creó el mundo para beneficio de la humanidad pero sin embargo, como bien indica Spiderman, todo superpoder conlleva también una responsabilidad. No sabemos bien hoy en día si el mundo pertenece a D’s y nosotros somos sus administradores pero sí sabemos que debemos generar cierta conciencia en nuestros estudiantes para que juntos podamos cuidar es espacio que nos rodea. Muchas veces luchamos con el orden y la limpieza en la sala, pero qué hermoso es cuando nuestros estudiantes tienen hábitos tan incorporados que hasta ellos mismos se sorprenden y señalan cuando una persona arroja basura a la calle, no para delatar sino porque en ellos no es un hábito que haya que normalizar y “naturalizar”. Lo cierto es que el judaísmo no nos indica que debemos ser ecologistas, pero sí hablamos constantemente de una conciencia, de mitzvot para ser mejores personas, de un activismo progresivo hacia el bienestar y cuidado del mundo que nos rodea. Lo cierto es que nuestro deber en la tierra apunta a utilizarla con sabiduría, sin agotarla ni destruirla sino más bien, acercándonos a ella de manera responsable. Desde los inicios del relato, después de ser colocado en el Jardín del Edén, se le asignó a Adam una doble tarea para la naturaleza: trabajarla y protegerla. Ese es de hecho el lugar que ocupa el ser humano en el mundo: si bien existe una profunda dimensión espiritual en la Torá, también se evidencia el rol del ser humano frente al mundo natural. Vinimos a este mundo para poblarlo, habitarlo, construirlo, no destruirlo y por lo tanto se nos encomendó cuidarlo, protegerlo nutrirlo y aprender del mismo. En Bereshit, el hombre recibe dominio sobre las plantas y animales del mundo, se le ordena trabajarlo y cuidarlo. En Kohelet Rabá, D’s le muestra a Adam la belleza del universo y le ordena protegerlo. El Midrash Rabá nos indica que si el hombre abusa de sus privilegios, entonces no es mejor que las otras criaturas que precedieron su creación. El Rab Hirsch indica que “Ser un ser humano es usar este mundo solamente con respeto, dignidad y con un sentido de responsabilidad.” Podemos ver hoy en día niños y jóvenes participando de foros mundiales, escribiendo en portales, llamando a la concientización, prestando suma atención al mundo porque ellos, de seguro, están asumiendo la responsabilidad de acercarse a la naturaleza con el respeto que la misma se merece. Quizás ahí tendríamos que aprender los adultos de las nuevas generaciones.