por Faustine Goldberg-Sigal, traducido del francés original por Vale Levin

El martes por la tarde, durante una reunión del equipo (en Zoom), el equipo con el que trabajo tuvo una discusión sobre las protestas que actualmente tienen lugar en los Estados Unidos tras la muerte de George Floyd en Minneapolis. Para nuestros colegas y residentes estadounidenses, el tema está obviamente omnipresente y la mayoría siente que están personalmente preocupados por la campaña de sensibilización contra el racismo que se desarrolla en los Estados Unidos. Nuestro equipo de «Comunidades Globales» tiene miembros de la República Checa, Uruguay, Argentina, Inglaterra, Francia y Norteamérica, aunque esta persona ahora vive en Londres, y trabajamos con residentes no estadounidenses de Moishe House. Además de nuestra tristeza y empatía hacia la situación, tuvimos que preguntarnos cuál es nuestro lugar en esta conversación. ¿Estamos involucrados en ésto? ¿Deberíamos participar en las conversaciones junto a nuestros colegas norteamericanos? ¿Deberíamos comprometernos con su causa? ¿Deberíamos discutir la situación con nuestros residentes no estadounidenses? Si es así, ¿cómo hacemos ésto? Me imagino que otros educadores, niños y padres judíos de toda Europa también deben haberse hecho estas preguntas y, por lo tanto, me gustaría compartir mis propias inferencias junto con una propuesta.

Me gustaría afirmar desde el principio que tengo el privilegio de nunca haber experimentado el racismo relacionado con el color de mi piel y que, por lo tanto, hablo sin certeza absoluta sobre este tema.

En nuestra reunión, discutimos lo que nuestros residentes estadounidenses y no estadounidenses podrían aprender unos de otros durante este tiempo y cómo podrían apoyarse mutuamente en sus esfuerzos por construir comunidades vibrantes y comprometidas. Me pareció que lo que se está desarrollando actualmente representa una oportunidad única para discutir con nuestros residentes no estadounidenses el concepto de Tikun Olam. Este término, que literalmente significa «reparación del mundo», surgió primero en un sentido limitado en el Talmud, luego evolucionó a través del pensamiento místico, especialmente el pensamiento cabalístico, pero también en los reinos jasídicos. Tikkun Olam evolucionó aún más, encontrando un nuevo significado y popularidad, a través del judaísmo estadounidense del siglo XX. Además, o como alternativa, a la práctica diaria de mitzvot, Tikun Olam se convirtió en un compromiso para observar y ayudar a reparar las grietas en el mundo que nos rodea. Se ha convertido en la columna vertebral de la identidad judía para miles de judíos, sinagogas y organizaciones humanitarias judías socialmente activas tanto en los Estados Unidos como en otras partes del mundo. Los principales ejemplos de estas organizaciones incluyen el Joint Distrubution Committee (JDC), la Hebrew Immigrant Aid Society (Sociedad Hebrea de Ayuda al Inmigrante – HIAS) y Repair the World. Con esta noción de Tikun Olam, miles de judíos están invirtiendo su tiempo, conocimiento, dinero, energía y salud. A veces, incluso, dan la vida como en el caso de la Sinagoga Tree of Life en Pittsburgh, donde el asesino había escrito unas pocas horas antes que estaba actuando por disgusto contra los judíos que ayudaban a refugiados en los EEUU., particularmente, a través de HIAS.

Para un judío francés, esta noción de Tikun Olam puede ser difícil de entender. Es un problema como el de la gallina y el huevo. Las personas e instituciones judías, incluidas aquellas con fuertes compromisos sociales como CASIP, nunca han aceptado este compromiso, al menos no en dichos términos. Debido a la relación francesa hacia la religión y la comunidad nacional, aquellos muchos judíos que se ofrecen como voluntarios para una variedad de causas no desean hacerlo como judíos. Por lo tanto, cuando le sugerimos a los residentes franceses de una Moishe House que consideren planear actividades de Tikun Olam para sus participantes, tienen dificultades para identificar a dónde ir. De hecho, son sensibles a conceptos como el voluntariado, el compromiso y la tzedaká, pero podrían tener dificultades para traducir el entusiasmo hacia Tikun Olam que sienten sus pares estadounidenses.

Es aquí cuando al estudiar el compromiso singular de los judíos estadounidenses con respecto al Tikun Olam que creo que nuestra contribución, o al menos nuestra oportunidad educativa, hacia los eventos actuales en los Estados Unidos puede ubicarse. En mi opinión, una de las manifestaciones más bellas y profundas de Tikun Olam en el siglo XX fue el compromiso judío con los movimientos de Derechos Civiles de los Estados Unidos de los años sesenta y setenta. Los judíos estaban altamente representados entre los abogados que apoyaban a activistas negros, eran donantes de organizaciones activistas y eran activistas en varias acciones no violentas junto a los activistas negros. Los muchos judíos que se unieron a los Freedom Riders, un movimiento que desafía la segregación en el transporte, vienen a la mente junto con la magnífica carta «Why We Went»/»Por Qué Acudimos» escrita por un grupo de rabinos encerrados en las cárceles por su participación en protestas no violentas por la equidad racial. Por último, pero no menos importante, ¿cómo no podemos pensar en el compromiso del rabino Abraham Joshua Heschel, quien marchó junto al Dr. Martin Luther King? Podemos recordar la poderosa foto en la que caminan lado a lado durante la marcha de Selma en 1965. Heschel escribió más tarde sobre este día: «En Selma … sentí que mis piernas rezaban».

Tal vez sea tras los pasos de Heschel que los educadores podamos transformar la tristeza del momento en una oportunidad para el compromiso y la educación judía. Quizás es junto a todos estos activistas que podemos reparar el mundo, de acuerdo con nuestras propias habilidades, y rezar con las piernas.

Faustine Goldberg-Sigal es la Directora Internacional de Educación Judía en Moishe House. Faustine trabaja desde París. Las opiniones expresadas en este artículo son personales y no representan las posiciones mantenidas por Moishe House.

Artículo traducido por Valeria Levin