por Vale Levin

   La figura de la mujer es una eterna fuente de curiosidad. En todos los pueblos la mujer cumple un rol fundamental. En el judaísmo hay múltiples formas de ejercer el rol de mujer. El Día Internacional de la Mujer fue institucionalizado por las Naciones Unidas en 1975 tomando como precedente la muerte de 123 jóvenes trabajadoras que habían fallecido en 1911 a partir de un incendio en una fábrica tras no poder salir porque se encontraban encerradas bajo condiciones laborales de explotación. Si bien la lucha de las mujeres por la igualdad de condiciones laborales y la erradicación de condiciones injustas había surgido mucho tiempo antes, la fecha del 8 de Marzo nos invita a pensar el rol de la mujer y las reivindicaciones de las constantes luchas. En la historia del pueblo judío vemos cómo la mujer ha tomado un lugar protagónico en muchas instancias: desde las cuatro madres del pueblo judío que fueron Sara, Rebeca, Raquel y Lea, pilares de toda una nación; hasta Jaika Groisman, Hannah Szenes, Zivia Lubetkin, jóvenes líderes judías que enfrentaron situaciones extremas para salvar vidas durante la Shoá.

   En al vida actual es difícil definir el rol de la mujer sin pensar en los preceptos históricos y raíces que nutrieron la imagen que se constituyó en nuestro imaginario colectivo durante años. Sin embargo, no sería justo generalizar sobre la condición femenina a lo largo de la historia, ya que se deben tomar en consideración los diferentes estilos de vida a través de las épocas y la enorme variedad de circunstancias a las que las mujeres se tuvieron que enfrentar y adaptar, condición universal que no atañe sólo a la mujer judía. En los tiempos bíblicos la sociedad hebrea, como muchas otras, era patriarcal. La mujer tenía un lugar de subordinación ante el hombre ya que debía sujetarse a la autoridad paterna hasta que contrajera matrimonio, momento en que pasaba a ser propiedad del esposo. Esta costumbre se encuentra ilustrada en la Torá en la historia de Yacov y Rajel, en la cual él tuvo que trabajar siete años para casarse con ella. Durante dicha época se establecieron distinciones legales muy claras entre los sexos, marginando a la mujer en lo referente a su participación en las actividades religiosas y comunitarias; así por ejemplo, una mujer no podía dar testimonio legal ni servir como jurado. Por otro lado, los judíos también decretaron leyes que prohibían el abuso y el maltrato a la mujer. Muchos relatos, como el de Dina y Tamar indican que el honor de la mujer era salvaguardado y protegido por encima de todo. Aunque la legislación bíblica más antigua presuponía que la mujer era un ser pasivo cuyo destino estaba controlado por el hombre, la narrativa habla de mujeres con mucho poder como Rebeca, independientes como Rajel, y profetas y líderes como Miriam y Débora, ya que a pesar de ser una sociedad patriarcal, en la sabiduría, refranes, proverbios y música judías, la mujer y la imagen materna ocupan un lugar preponderante.

   El papel de la mujer judía en la vida actual no se puede definir sin conocer los preceptos históricos y raíces que lo nutrieron. De acuerdo a la tradición judía, la mujer, a diferencia del hombre, no se ve obligada a cumplir con los preceptos religiosos que se establecen para determinadas horas o días. El objetivo de ésto era liberar a la mujer de observar mandamientos que interfieran con sus labores en el hogar, con la familia y especialmente en la atención a los hijos. Como la mujer no tenía que estar inmersa en las prácticas religiosas no necesitaba recibir educación formal, por lo que se limitaba a escuchar las lecciones que se impartían a los niños. Con el paso del tiempo, diversas autoridades religiosas sugirieron que la mujer debía recibir instrucción ya que tenía la responsabilidad de fomentar la educación en el hogar. En aquel entonces la voz de la mujer para la toma de decisiones, no era tenida en cuenta. Pero es importante saber que a lo largo de la historia, así como el hombro cambió, la mujer también peleó muchas batallas tanto por su lugar como por sus ideales. En el judaísmo parecería ser fácil para la vista ver qué tan iguales o qué tan diferentes son las mujeres según su corriente o determinación. Pero dicha afirmación no es cierta. Podemos de hecho afirmar que hay tantas mujeres como formas de vivir el judaísmo. El reconocimiento del rol de la mujer en múltiples aspectos de la vida familiar, cotidiana, laboral y en sociedad ha demostrado que la bandera de la inclusión ha estado en las manos de este género. La diversidad de identidad y estandarte de cambio han llevado a mujeres rabinas, mujeres trans, mujeres madres, mujeres trabajadoras, mujeres no gestantes, mujeres con miles de millones de características pensar en la igualdad y construir con inteligencia.