por Vale Levin

   Los judíos del mundo de la diáspora nos encontramos siempre en una dualidad: tenemos dos agendas. La agenda que nos brinda el calendario gregoriano y la agenda que nos brinda nuestra vida judía. En el calendario gregoriano, nuestra comunidad y el país donde vivimos parecen ir en líneas paralelas. Algunas veces esas líneas se encuentran en fechas, pero no en significado. Vivimos Pesaj cuando otros celebran las Pascuas. Vemos cómo los negocios se llenan de huevos de chocolate cuando nosotros desciframos cómo trabajar la hagadá. Nos peleamos para ver qué familia cocina el guefilte fish más rico, cómo se hacen los latkes, de qué manera escondemos el afikoman, entre muchas otras cuestiones. Pero el desafío de conservar la tradición, nos estresa. Nos sentimos atados a los rituales, encapsulados en lo ancestral… pero… ¡con tantas ganas de enfrentar el desafío!

   Por momentos pensamos que la clave reside sólo en la comida. En otras instancias consideramos que el punto clave reside en la hagadá. Pero, ¿qué sucede si nos detenemos además a pensar en el concepto de libertad? Parece ser que pensar en libertad es considerar que no hay límites, que no seguimos ninguna regla. Sin embargo, la regla más reglada es aquella que nos permite elegir nuestras propias limitaciones y considerar nuestras propias libertades. Uno de los temas centrales en torno a Pesaj consiste en pensar el concepto de libertad, cómo nos liberamos de Egipto, cómo rompemos en realidad con nuestro propio Egipto, cómo nos liberamos de nuestras cadenas. Pero lo que es una cadena para otro es quizás una cuestión que en mí no representa ningún problema y me es, por el contrario, indiferente. Si bien cada cadena puede tener una forma distinta, todos nos debemos someter al ejercicio de pensar cuáles son nuestras cadenas, cuáles son nuestras trabas externas o internas para poder disfrutar de nuestra propia libertad. Existe en Buenos Aires, Argentina, la primera sinagoga representante de la comunidad judía de la República y la misma se encuentra sobre la calle Libertad. No sería tan significativo sino supiésemos que para los judíos de aquella época que no tenían dónde ir a rezar y era la creación de la sinagoga una forma de poder expresar su judaísmo en un lugar que representase su libertad, en un país que si bien católico,  posibilitaba la libre expresión de culto. Nunca existió para aquellos hombres una prohibición en el ejercicio de su fe judía, pero la posibilidad de un templo, les daba su libertad, justamente en la calle Libertad. En Uruguay, el Templo Rafael se encuentra sobre la calle Miranda, que lleva el nombre de un navegante que logró despojarse de mandatos españoles, navegar aguas, descubrir navíos y enfrentarse a los duros desafíos de la época marcando sus propios caminos. En Chile, uno de los movimientos juveniles sionistas más ancestrales, se encuentra sobre la calle Los Capitanes. Lo cual también es simbólico porque son los capitanes los que deciden el rumbo de los navíos, el camino a tomar, los que llevan el mando, ejecutan las decisiones y llevan a su gente hacia la libertad.

   Pensar las libertades considerándose una minoría parece ser una contradicción en sí misma. Pero sin embargo, la historia nos demuestra que no lo es. La dualidad en nuestras agendas nos ofrece siempre la posibilidad de pensar durante el calendario gregoriano, nuestro calendario hebreo, pudiendo así redefinir nuestras metas, descifrar nuestras barreras y limitaciones pensando, por el contrario, nuestro camino hacia la libertad. Pesaj tiene un peso de generación en generación que parece una entrega constante de legados. “Y relatarás a tu hijo” habla de trascendencia y continuidad enmarcado en una sola figura. El cántico “Libera a mi pueblo” nos relata un pedido comunitario. En este desafío nos encontramos con las diferentes generaciones pudiéndonos ver al mismo tiempo reflejados en el otro, pensándonos en comparación o en contraste, pero construyéndonos juntos e individualmente al mismo tiempo.

   El médico psiquiatra, psicólogo social, Janan Nudel, encontró en su momento inspiración en Gilles Deleuze para pensar qué es un hombre libre y soslayó: “No es fácil ser un hombre libre: huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los efectos que expresan o desarrollan un máximo de afirmación. Convertir el cuerpo en una fuerza que no se reduzca al organismo, convertir el pensamiento en una fuerza que no se reduzca a la conciencia“. Esta cita nos lleva a pensar en las libertades del ser humano desde una perspectiva diferente. Somos personas que debemos huir, escapar de problemas internos o externos pero al mismo tiempo debemos condensar esa energía en una acción que nos permita liberarnos sin deshacernos, sino ocupándonos del hecho que ese inconveniente te convierta en una acción en pos del pleno ejercicio de nuestras libertades.  En Pesaj conmemoramos la liberación de nuestro pueblo de la esclavitud de Egipto, relatada en el Pentateuco, fundamentalmente en el Libro de Éxodo. Marca la Hagadá que todos los años debemos pensarnos como saliendo de Egipto. El relato de la nos marca un hito en la conciencia, entendiendo nuestra identidad en términos de nación libre y provista de una ley. Esta fiesta que nos invita a pensar en las libertades pero a la vez nos impone un orden. Todo está en el seder, pero todo nos deja la libertad de elegir cómo ejecutar dicho orden, encontrando nuestras propias libertades. Esperamos puedan encontrarse cada Pesaj más liberados.