por Vale Levin

El mes que pasó nos dejó un espíritu festivo, deportivo, grupal. Pero también nos dejó un espíritu competitivo y, con ello, el pensamiento entorno a si a nivel educativo está bien o está mal fomentar la competencia. Mientras que en Budapest, Hungría, se festejaron las Macabeadas Europeas, y en Ciudad de México, México, los Juegos Panamericanos, todos los países vivimos por canales digitales, newsletters, gacetillas, grupos de WhatsApp, carteleras escolares, etc. el desempeño de nuestros niños, niñas, jóvenes y adultos que demostraban sus habilidades deportivas mientras representaban el fervor cual embajadores del entusiasmo del país que llevaban tanto en su camiseta como en su corazón.

En esta competencia llena de adrenalina y destrezas, suele haber participantes destacados. Hay países que ponen todo su esfuerzo para fomentar el progreso de sus participantes; mientras que en otros lugares, según la realidad local, el esmero puede que corra sólo por parte de los participantes y delegados. Los juegos macabeos son un evento multideportivo reservado a atletas judíos, similar a los Juegos Olímpicos, y se realiza cada cuatro años en Israel bajo la Federación Maccabi, la cual a su vez forma parte de la Maccabi World Union. Un interesante valor de esta competencia es que si bien está orientado especialmente a atletas judíos, árabes israelíes también pueden participar de las olimpiadas. Los Juegos Macabeos son, según la participación, uno de los cinco eventos deportivos más grandes del mundo y son considerados como un evento regional del Comité Olímpico Internacional. Todo ciudadano israelí (judío o no) es elegible para participar en las Macabeadas en cualquiera de las tres diferentes categorías: Open, Juniors y Másters. Al mismo tiempo, pueden participar todos los judíos del mundo con una nacionalidad diferente a la israelí.

El judaísmo puede ser un constante tire y afloje de retos y desafíos: cómo hacer nuestras clases entretenidas, cómo fomentar el interés, cómo lidiar con dilemas, cómo respetar la historia y tradición pero al mismo tiempo ser innovadores. El término Maccabi hace referencia a los Macabeos del Antiguo Testamento y se utiliza actualmente como nombre de numerosas instituciones judías y/o israelíes. En el Libro de los Macabeos aprendemos sobre la rebelión de dicho grupo contra la dinastía seleúcida en el siglo II antes de la Era Común. Los Macabeos constituyeron un movimiento judío de liberación que luchó y consiguió la independencia de Antíoco IV Epífanes. Los macabeos fundaron la dinastía real asmonea, proclamando la independencia judía de la Tierra de Israel. Si bien los recordamos en Jánuca, estos héroes pueden ser considerados en cualquier momento del año tanto religiosamente como deportivamente. Cuando tras varias victorias las fuerzas macabeas ganaron reputación, entran triunfantes a Ierushalaim realizando una limpieza ritual del Templo, restableciendo los servicios tradicionales judíos e instaurando a su propio líder espiritual. Este aguerrido grupo quedó luego dividido entre los que querían seguir luchando y los que no. Cada año los judíos celebramos Jánuca en conmemoración de la victoria de Judas Macabeo sobre los seléucidas y por los milagros consiguientes. Pero es interesante ver cómo se pueden reivindicar dichas victorias desde un aspecto lúdico, sano y deportivo. Atrás decidimos dejar las guerras y sólo pensamos en enfocarnos en el entrenamiento para la superación propia y grupal. Incluso aquellos estudiantes que no se suelen destacar por su desarrollo cognitivo referido al estudio, puede que muchas veces sean los que se destaquen en lo físico o deportivo, demostrando grandes habilidades para las destrezas que las distintas disciplinas competen. Es hermoso ver cómo aquellos que sienten vergüenza en pasar al pizarrón, son quienes pueden ser los primeros en finalizar una carrera, o anotar un gol, o demostrar mucha facilidad en lo corporal. Fomentar incluso el movimiento es un gran recurso como docentes no sólo para trabajar con los estudiantes hábiles para el deporte, sino también para fomentar el movimiento cuando muchas veces ciertos estudiantes encuentran dificultades para estar mucho tiempo sentados, quietos o prestando atención a la tradicional clase expositiva. Incentivar una actividad lúdica, competitiva puede despertar el espíritu macabeo y ayudarnos a llegar a aquellos estudiantes cuya curiosidad no despertamos habitualmente.

Pensar en los macabeos nos puede brindar oportunidad de crecimiento para empoderar las cabezas de nuestros alumnos. Cuando creen que “no pueden” podemos utilizar el ejemplo de este grupo que luchó contra las adversidades incluso en situación de desventaja. No hace falta ser combativos para competir, hace falta creer en uno mismo y potenciarse en equipo. Muchas de las disciplinas son grupales y fomentan los buenos hábitos y vínculos que la comunidad misma lleva como estandarte. Cuando en muchas culturas se puede llegar a creer que el deporte es banal, superficial y “mundano” o por el contrario “marginal”, en el judaísmo el deporte nos enseña que también se pueden trasladar las enseñanzas religiosas, culturales y espirituales a lo físico y literal. No pensaremos en el juego como un medio para llegar a un estereotipo de belleza; sino que pensaremos en el juego deportivo como un medio para llevar adelante valores y enseñanzas de nuestro pueblo. En la medida en que resignifiquemos a los macabeos en cada competencia, estaremos llevando adelante la llama que impulsa a creer en uno mismo y en nuestros compañeros. Podemos leer sobre los macabeos, podemos recordarlos en cada Jánuca, o podemos reinterpretarlos en cada encuentro deportivo. Pero lo que debemos hacer siempre es pensar en un juego limpio, sin violencia, donde las reglas sean claras y las oportunidades las mismas para todos. Los Juegos Macabeos nos dejaron con la sensación que no importa cómo le fue a mi país, lo importante es el espíritu que se vivió tanto a lo largo de la competencia como al regreso de los deportistas, sus entrenadores, acompañantes, familiares y delegados. El judaísmo una vez más expresa su sentimiento de comunidad y esta vez a través del juego. Vincularnos de esta manera sana nos ayuda a crecer en cuerpo y mente. No buscaremos a través de este espíritu competitivo “pisar cabezas” sino por el contrario, potenciarlas, llevarlas más allá de lo pensado trasladándonos al mundo donde trabajar en equipo, tener un objetivo en común e ir por eso, es posible.