por Vale Levin

Estamos atravesando en este lado del hemisferio meses de frío. Meses en los que nos cuesta por las mañanas salir de la cama e ir a estudiar o trabajar, oscurece temprano y nuestras ganas de hacer actividades extra-escolares merma debido a que queremos ir a nuestros hogares a comer un caliente. Los días grises parecen feos, y aquella fealdad nos apaga de alguna manera. Nos cierra el entusiasmo y quizás también las ganas de continuar ciertas prácticas. A veces oímos a nuestrxs alumnxs hacer un juicio de valores sobre los aspectos físicos de otrxs. Juzgando su “belleza” o falta de, y cuando queremos refutar esos argumentos y explicarles a lxs estudiantes que la belleza es una construcción social, implica subjetividad, es acorde a cada unx, dichas explicaciones son muy complejas debido a que estos conceptos tan abstractos escapan la posibilidad de entendimiento de niños, niñas y adolescentes. Curioso es que para el judaísmo la belleza está en distintos aspectos. El judaísmo nos habla de belleza en momentos donde no sólo interpretamos figuras físicas sino, por ejemplo, en la primavera, en las flores que florecen, en el imaginario del pueblo de Israel la belleza está en la libertad, o en la creación. Veremos entonces cómo podemos ampliar nuestra interpretación de belleza para así ampliar el entendimiento de lxs demás.

Si conversamos con amigxs y compañerxs más observantes puede que nos topemos con la explicación que la belleza es “una manifestación de Ashem”. La parasha Koraj nos explica la belleza de la oscuridad. Kóraj le tenía resentimiento a Aarón porque éste estaba vinculado con la luz. Todos los días se ocupaba de encender la menorá en el Tabernáculo así como de encender la menorá que habita, en sentido metafórico, en el corazón de cada judío. Aarón se dedicaba a inspirar a las personas a despertar la luz espiritual de sus vidas a través del estudio de la Torá y de la observancia de las mitzvot, a que emplearan su tiempo y su energía en búsquedas espirituales y a iluminar sus almas con el amor a D´s. Aarón era la encarnación de la amabilidad, el compartir, la luz. Kóraj creía que el enfoque que tenía Aarón para desarrollar la espiritualidad carecía de profundidad.

Kóraj quería ser el sumo representante para poder introducir un modelo de espiritualidad completamente diferente. Kóraj creía que todo ser es sagrado, sin importar a qué se dedica, con qué se compromete. Kóraj despreciaba la luz y decía que la belleza estaba en la oscuridad absoluta. ¿Por qué esta figura se empecinaba en admirar lo físico, lo material, la satisfacción inmediata? Quizás guiado por su resentimiento y envidia. Pero lo que sí es cierto es que interpretaba la belleza de una manera diferente. Tenía razón en observar que lo material se encuentra para muchos preponderado ante lo espiritual. Pero es cierto que para aferrarse a la oscuridad se necesita de luz. Aún así, para apreciar la oscuridad hay que haber vivido la luz antes. Para apreciar lo material hay que poder experimentar la falta del mismo. Sólo cuando nos conectamos profundamente con estos hechos o con el valor sentimental de los objetos, podemos apreciar su utilidad, no con un fin utilitarista, pero sí con un fin emocional. Sólo la luz o la belleza de los ojos con los que se mira un objeto, pueden otorgarle significado a lo que se observa. Un alma iluminada, en lo espiritual, en lo intelectual, en la fe, en lo cultural, en la oscuridad, en la luz, puede apreciar lo sagrado y lo mundano, no sólo en el cielo, sino también en la tierra. No sólo en los pensamientos, sino también en las acciones. El judaísmo celebra la belleza porque es una manifestación de la grandeza. No sólo de la prueba de la existencia de un ser superior, sino también en la prueba del intercambio de ideas que surgen entre dos o más seres que deciden profundizar en un pensamiento y permitirse modificar sus ideas y visión tanto de la belleza como de la vida misma.

Hacerle entender a unx niñx que la belleza puede estar en la espiritualidad y la misma no sólo entendida desde el aspecto religioso, podría ser una puerta de entrada al entendimiento de esta belleza. Hacerle entender que todo puede ser embellecido, sea una figura material como una situación, es dar un hálito de no sólo esperanza sino de empoderarlxs de manera activa. Todo puede ser bello en la medida en que unx esté dispuestx a embellecerlx. Debemos contemplar que lo exterior es vanidad, pero lo peor es lo no transformable. Lo que puedo cambiar para mejorar es donde debe estar la interpretación de la belleza, Y las decisiones ajenas en cuanto a la propia concepción de belleza son las más dignas ya que desafían los conceptos de otrxs y nos interpelan llamándonos a reflexionar sobre nuestras propias definiciones al punto que debemos considerar si las hemos creado nosotrxs o las hemos recibido incuestionablemente. La belleza puede en el judaísmo adquirir muchas formas, pero maravilloso es cuando podemos verla en las acciones que reflejan los valores de nuestro pueblo: cuando una mesa de Shabat o para un jag es bella es porque anticipa la llegada de la familia y lxs amigxs. Cuando una actividad es bella es porque nos modifica el pensamiento y nos permite compartir. Cuando un proceso educativo es bello es porque encuentra dificultades y logramos sortearlas. La belleza es subjetiva por la lente pero también porque para algunxs es luz y para otroxs oscuridad. Para algunxs Aarón y para otrxs Kóraj. Para algunxs las fuentes y para otrxs las acciones. Pero estas múltiples interpretaciones y aristas hacen que nuestros desafíos educativos también sean bellos por sus fracasos y sus aciertos. Y porque no hay una receta única para la belleza, tampoco la hay para nuestras prácticas judaicas y educativas. Lo importante es que se puede embellecer en la medida en que se comparten.