** In the following article, Jeducation World’s Spanish representative, Vale Levin, discusses a moment in which she struggled to write a d’var Torah on the topic of listening in Judaism. In the article, Vale shares her personal experiences engaging with Jewish life,  both the failures and achievements, and how she came to embrace Judaism and learn from others. **

 

Una vez en mi vida, hace dos años, me encontré con la difícil tarea de escribir un Dvar Torá para un newsletter. En ese momento tuve que admitir que no sabía nada sobre la Torá. Nunca antes en mi vida había leído una parte de la Torá por mi propia cuenta. Y no es que nunca haya participado en una comunidad judía (porque lo hice), sino que en el lugar de donde vengo no estábamos acostumbrados a leer la Torá. Habiendo dicho eso, entenderán que para poder hablar de la parashá de una semana en aquella ocasión, realmente necesitaba leer y, sobre todo, escuchar. Y así es como descubrí que Parsha Va’etchanan, de aquella semana, se trataba de escuchar.

  Aprendí que dicha parashá contiene uno de los pilares más importantes del judaismo: la oración de Shemá Israel. Y con ésto entendemos la centralidad de la escucha en la cultura judía. Pero, ¿cómo podemos escuchar cuando no queremos?

  Para brindar un ejemplo: nunca asistí a una escuela judía. Aquí en Argentina como en otros países de habla hispana es tradicional celebrar una Fiesta de los Quince Años, o los Dulces Dieciseis, y cuando estaba a punto de cumplir dicha edad, le pedí a mi mamá mi celebración. Me miró y dijo: “Es gracioso que pidas tus Quince mientras no pediste tu Bat Mitzvah”. La miré y le pregunté “¿mi qué? No tengo idea de qué es eso, pero todas mis amigas están celebrando sus fiestas, quiero la mía”. En ese momento mi mamá me miró y dijo: “Sabes que eres judía, ¿verdad?”. De hecho, no sabía que era judía. Pero para ser honesta, no quería saber lo que eso implicaba porque sólo estaba pensando en mi fiesta. Mi madre se dio cuenta de que nunca me había presentado al “mundo judío” y en ese momento sintió que había fracasado. Esa noche mis padres trataron de explicarnos a mi hermano y a mí de qué se trata el judaísmo. Por supuesto, no pudieron. Y en ese entonces, no nos podía importar menos, éramos adolescentes y no queríamos tener más problemas que los que la adolescencia ya nos estaba dando. Todas estas preguntas del judaísmo sonaban demasiado complejas para nosotros.

  El siguiente fin de semana, mi madre estaba decidida a encontrar el lugar adecuado para mostrarnos de qué se trataba el judaísmo. Pero ella no tenía mucho tiempo porque yo estaba increíblemente furiosa, ya que desde mi punto de vista parecía que mi madre sólo estaba encontrando excusas y términos complejos para evitar hacerme una fiesta. Al sentir la presión de encontrar un lugar en el mundo judío y rápido, no se percató de algunos detalles. Entonces, ella me envió a un movimiento juvenil sionista, izquierdista y humanista. Si las cosas sonaban complejas antes de eso, empeoraron aún más. De repente, me encontré haciendo nuevos amigos. Pero el judaísmo era todavía un telón de fondo. Era tan terca que me tomó muchos años prestar atención. Estaba tan obsesionada con lo que consideraba mis prioridades que perdí muchos años. Perdí años de descubrimiento y aprendizaje, perdí años de sabiduría. ¿Habrían sido diferentes las cosas si hubiera escuchado a mi familia antes? ¿Habrían sido diferentes las cosas si hubiera asistido a una escuela judía? ¿Mi vida actual sería diferente si hubiera conocido a otras personas en otro momento?

  En el movimiento juvenil sionista, se escribía sobre Israel, venía gente de Israel, se criticaba a Israel, se respiraba Israel. Después de escuchar a tanta gente decir tantas cosas, quería visitar Israel. Pero, nuevamente, fui terca y siempre miraba las cosas con un ojo muy crítico. Así que me resultó difícil ver la grandeza. Me tomó otros dos viajes poder ver las cosas asombrosas que el país tiene para ofrecer al pueblo judío y las grandes cosas que refleja de los valores judíos. Pero de Va’etchanan aprendemos que todos estamos llamados a ser líderes, a asumir responsabilidades, a contribuir, a marcar la diferencia en la vida de los demás. Ahora, ¿cómo podría realizar una tarea significativa como persona judía en un país con una comunidad que tiene más de 250,000 miembros? En Argentina tenemos sinagogas judías, clubes de campo, movimientos juveniles, escuelas, todo, pero no podía encontrarme a mí misma llevando una vida judía.

  Durante uno de mis viajes a Israel, conocí a una chica muy agradable que insistió en invitarme a su casa, mencionó que vivía en un lugar llamado Moishe House. Al principio no la escuché y me tomó como un año visitar la casa. Creía que esta joven tan agradable extrañamente vivía en una casa ortodoxa. Y eso para mí, estaba mal. Pensaba que si un lugar se atrevía a utilizar la palabra “Moishe” en su nombre, en una escala de graduación de judaísmo, ésta estaba en un lado muy observante. Y eso para mí, no era lo correcto. En la Moishe House me di cuenta de que estaba a gusto con mi identidad judía y que podía adherirme a un estilo de vida judío, sin ser ortodoxa, sin ser una negación de mi identidad, llevando prácticas que al entender de los que éramos residentes en ese momento validaban nuestro judaísmo.

  Y así me di cuenta que en varias oportunidades a lo largo de mi vida me encontré con situaciones en los que rechacé escuchar las ideas de la gente sobre el judaísmo; que mi mente había decidido bloquearse cuando me querían compartir una reflexión sobre algo en lo que yo no me veía representada. Pero al principio de este artículo dije que la parashá de aquella semana se trataba de escuchar. Y no puedo enseñarte sobre esta parashá porque estoy aprendiendo sobre eso. Estoy aprendiendo que uno aprende más cuando tienes que enseñarlo. Estoy aprendiendo que cuando escuchas a la gente, la estás respetando. Estoy aprendiendo que cuanto más nos pongamos en contacto con las nuevas enseñanzas, más debemos escuchar. Estoy aprendiendo que tu judaísmo es más importante cuando lo compartes con otras personas.